Dra. Nuria Garatachea Vallejo
Dra. Ciencias de la Actividad Física y del Deporte
La obesidad infantil constituye un importante y creciente problema de salud pública en la infancia y la adolescencia en los países desarrollados y en algunos países en transición. Las cifras de prevalencia de sobrepeso y obesidad infantil y juvenil de los tres últimos estudios epidemiológicos realizados en España – Paidos (1984), Ricardin (1992) y enKid (1998-2000)- nos muestran un claro incremento de incidencia, hasta tal punto, que podemos hablar de la pandemia de la obesidad infantil.
| El binomio actividad física-alimentación se muestra determinante a la hora de explicar esta gran prevalencia de obesidad infantil. Por un lado, el estilo de vida occidental, con una progresiva urbanización y mecanización del transporte y la tecnificación de la vida doméstica, junto a un aumento del tiempo dedicado a actividades sedentarias (ver la televisión, jugar a videojuegos…) y el descenso de la actividad física, se ha correlacionado positivamente con la prevalencia de la obesidad (Ebbeling et al., 2002). Por otro lado, nuevos hábitos alimentarios en la infancia y juventud que incluyen un aumento en los porcentajes de calorías ingeridas fuera de casa con predominio de comida rápida, bebidas azucaradas con elevada densidad energética y bajo contenido de nutrientes, mayor contenido de grasas naturales y trans, azúcares refinados…se muestran como factores explicativos del incremento de esta prevalencia (Wabitsch, 2006). | ![]() |
Simplificando el problema de la obesidad infantil, podemos decir que esta viene dada por un desequilibrio entre el gasto y la ingesta calórica a favor de esta última. Por lo tanto las dos estrategias fundamentales se centran en disminuir la ingesta y en aumentar el gasto. Para incrementar el gasto energético, lo más factible es incrementar el nivel de actividad física.
Antes de abordar el tema de la actividad física y la obesidad infantil, debemos aclarar algunos términos importantes que están relacionados pero que son diferentes, y que en ocasiones se utilizan erróneamente como sinónimos. En primer lugar, actividad física es cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos y que requiere un cierto gasto energético (Caspersen et al., 1985). El ejercicio físico estaría incluido en el concepto de actividad física, diferenciándose de esta principalmente por la sistematización con la que se practica. La condición física o capacidad física es un concepto que engloba todas las cualidades físicas de una persona y se puede afirmar que el estado de forma física es una medida integrada de todas las funciones y estructuras que intervienen en la realización de un esfuerzo físico (Castillo et al., 2005). Y por último la educación física al utilizar la actividad física en su amplio abanico de posibilidades (actividades rítmicas, en el medio natural de acondicionamiento físico, deportes convencionales, tradicionales, recreativos, etc…) se constituye como uno de los medios más efectivos para la conquista de estilos de vida activos (FIEP, Manifiesto Mundial de Educación Física, 2000).
Cada vez se conoce mejor el efecto protector de la actividad física frente a enfermedades como diabetes, hipertensión, hipercolesterolemia u obesidad, entre otras. Sin embargo, a medida que este conocimiento está más asentado entre la comunidad científica la población se torna más sedentaria a todas las edades. Según la Encuesta Nacional de Salud (2006) realizada por el Ministerio de Sanidad y Consumo, casi un 20% de los niños menores de 15 años no realiza ningún tipo de ejercicio en el tiempo libre y 50% aproximadamente solamente lo realiza de forma ocasional.
Los bajos niveles de actividad física en la población, hacen que su condición física sea también bastante deficitaria, debido a la estrecha relación positiva existente entre actividad física y condición física (Martínez-Vizcaíno y Sánchez-López, 2008). En España se ha confirmado que la condición física de los adolescentes es menor que la de otros muchos países en los que también ha sido estudiada como Suecia, Portugal, Estados Unidos o Australia (Ortega et al., 2005). Estos estudios han puesto de manifiesto un progresivo y alarmante deterioro en la capacidad aeróbica de los adolescentes respecto a lo que ocurría en décadas anteriores (Tomkinson et al., 2003). Según los datos del estudio AVENA, la prevalencia de adolescentes con riesgo cardiovascular según su capacidad aeróbica está en torno al 17% para mujeres y 19% para hombres, es decir casi la quinta parte de los adolescentes españoles, o lo que es lo mismo, uno de cada cinco adolescentes, se encuentra en la actualidad en riesgo de presentar algún evento de índole cardiovascular cuando sea adulto (Ortega et al., 2005). Puesto que sabemos que la condición física es un potente predictor de salud entre los adolescentes (Ortega et al., 2008), la salud de la población española adolescente también está sufriendo importantes mermas.
Ya directamente relacionando la condición física con el grado de adiposidad, un estudio realizado con adolescentes españoles indican una fuerte asociación negativa entre condición física y grasa corporal (González-Gross et al., 2003). Aunque si bien tenemos que resaltar las conclusiones de un estudio publicado este mismo año que nos informa que los adolescentes físicamente activos presentan una mayor probabilidad de tener una capacidad cardiovascular saludable independientemente de su grado de adiposidad (Ortega et al., 2008).
Cómo indicábamos al inicio de este documento, las dos principales estrategias para abordar la obesidad infantil se centran en tomar medidas referidas a la actividad física y a la alimentación. Esta es línea de trabajo que siguió el Ministerio de Sanidad y Consumo en 2005 cuando diseñó la Estrategia NAOS: Estrategia para la Nutrición, Actividad Física y prevención de la Obesidad (Ministerio de Sanidad y Consumo, 2005). Los objetivos y metas fijados por la estrategia NAOS fueron siete, a saber: 1. Fomentar políticas y planes de acción. 2. Sensibilizar e informar a la población, 3. Promover la educación nutricional, 4. Estimular la práctica de actividad física regular, 5. Propiciar un marco de colaboración con las empresas del sector alimentario, 6. Sensibilizar a los profesionales del Sistema Nacional de Salud, 7. Realizar el seguimiento de las medidas propuestas. Como puede notarse la actuación fundamental de la estrategia se enfoca hacia el ámbito nutricional, y solamente una acción de las siete propuestas habla de estimular la práctica de actividad física regular. Hasta la actualidad, se está relegando la actividad física a un segundo plano y se le presta una menor atención; de tal forma, que se está subutilizando la actividad física e igualmente la potencialidad que tiene como tratamiento en la obesidad infantil. Tal es así que el estudio que este año valió el X Premio Nacional de Investigación de Medicina del Deporte nos lo demuestra, pues afirma que la escasa actividad física y deportiva escolar genera, más que la alimentación, sobrepeso y obesidad infantil y riesgo de síndrome metabólico (Villa et al., 2008).
Por lo tanto consideramos que las estrategias planteadas desde el ámbito alimentario como forma de combatir la obesidad no son suficientes y planteamos estrategias específicas de actividad física necesarias para afrontar de forma global el problema de la obesidad infantil:
![]() | 1. Incrementar el número de horas de educación física escolar.Aunque somos conocedores de lo complejo que resulta esta medida, como también apuntaba el Secretario de Estado para el Deporte, dependiente del Ministerio de Educación en unas declaraciones recientes al País, debemos luchar por conseguir ese aumento a lo largo de la etapa de educación obligatoria de niños y adolescentes. |
| 2. Fomentar estilos de vida activos. Es necesario plantear acciones concretas y eficaces en el fomento de estilos de vida activos. Entre estas acciones podría incluirse, entre otras muchas: - difusión de la pirámide de la actividad física para niños al igual que la de la alimentación, - prescindir de medios de transporte mecanizados y fomentar el uso de la bicicleta, reducir la utilización de videojuegos, el tiempo de ver la TV…, - fomentar la actividad física en familia durante los fines de semana… | ![]() |
| 3. Mayor dotación y mejora de instalaciones deportivas escolares y de espacios recreativos para la práctica de la actividad física. Desafortunadamente todavía existen centros escolares sin una instalación deportiva y en otros muchos centros no disponen de una instalación deportiva que reúna las condiciones mínimas para impartir la materia con calidad suficiente para alcanzar los objetivos que persigue la educación física. No debemos olvidarnos de las instalaciones deportivas y espacios recreativos en general, pues es importante acercar los espacios para la práctica de actividad física a la población y sobretodo conseguir espacios adaptados a los niños y que reúnan las condiciones de seguridad recomendadas. |
| 4. Reconocer el trabajo de los profesionales de la actividad física cualificados y especializados en estas edades. Las ciencias del ejercicio tienen un cuerpo de conocimiento propio, y será importante la formación cualificada de los profesionales que trabajen en este ámbito y estén especializados en niños y adolescentes. Si bien, resaltamos la importancia y necesidad del equipo multidisciplinar para abordar este complejo problema que es la obesidad infantil. En este equipo tienen cabida: nutricionistas, profesionales de la actividad física, médicos deportivos, psicólogos, sociólogos y un largo etcétera. | |
En definitiva, perseguimos intervenir de forma eficaz en actividad física para acotar la pandemia que acecha a nuestros niños y jóvenes. Debemos prevenir de niños, para no curar de mayores. Aumentando la actividad física regular en los niños de hoy, conseguiremos prevenir el riesgo cardiovascular y metabólico en los adultos del mañana.
Este fue el posicionamiento de Training Excellence presentado por la Dra. Garatachea en el I Foro de Expertos de Obesidad Infantil, realizado en Toledo, en junio de 2008.
REFERENCIAS
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Castillo MJ, Ortega FB, Ruiz JR. La mejora de la condición física como terapia anti-envejecimiento. Med Clin (Barc) 2005;124:146-55.
Ebbeling CB, Pawlak DB, Ludwig DS. Childhood obesity: public-health crisis, common sense cure. Lancet. 2002;360(9331):473-82.
FIEP, Manifiesto Mundial de Educación Física, 2000.
González-Gross M, Ruiz JR, Moreno LA, de Rufino-Rivas P, Garaulet M, Mesana MI, Gutiérrez A. Body composition and physical performance of Spanish adolescents: the AVENA pilot study. Acta Diabetol 2003;40:S299–S301.
Grupo colaborativo español para el estudio de los Factores de riesgo Cardiovascular en la Infancia y adolescencia. Factores de riesgo cardiovascular en la infancia y adolescencia en España. Estudio Ricardin II: valores de referencia. An Pediatr (Barc) 1995;43:11-7.
Martínez-Vizcaíno V, Sánchez-López M. Relationship Between Physical Activity and Physical Fitness in Children and Adolescents. Rev Esp Cardiol 2008;61(2):108-11.
Ministerio de Sanidad y consumo. Encuensta Nacional de Salud. 2006.
Ministerio de Sanidad y Consumo. Estrategia NAOS: Estrategia para la Nutrición, Actividad Física y prevención de la Obesidad. 2005.
Ortega FB, Ruiz JR, Castillo MJ, Moreno LA, González-Gross M, Wärnberg J, Gutiérrez A. Low level of physical fitness in Spanish adolescents. Relevance for future cardiovascular health (AVENA study). Rev Esp Cardiol 2005;58(8):898-909.
Ortega FB, Ruiz JR, Castillo MJ, Sjöström M. Physical fitness in childhood and adolescence: a powerful marker of health. Int J Obes (Lond); 2008:32(1):1-11.
Ortega FB, Ruiz JR, Hurtig-Wennlöf A, Sjöström M. Physically Active Adolescents Are More Likely to Have a Healthier Cardiovascular Fitness Level Independently of Their Adiposity Status. The European Youth Heart Study. Rev Esp Cardiol 2008;61(2):123-9.
Paidos’84. Estudio epidemiológico sobre nutrición y obesidad infantil. Madrid: Gráficas Jomagar, 1985.
Serra Majem L, Ribas Barba L, Aranceta Bartrina J, Pérez Rodrigo C, Saavedra Santana P, Peña Quintana L. Obesidad infantil y juvenil en España. Resultados del Estudio enKid (1998-2000). Med Clin (Barc) 2003;121(19):725-32.
Tomkinson GR, Léger LA, Olds TS, Cazorla G. Secular trends in the performance of children and adolescents (1980-2000). An analysis of 55 studies of the 20m shuttle run test in 11 countries. Sports Med 2003;33:285-300.
Vicente-Rodríguez G, Rey-López JP, Martín-Matillas M, Moreno LA, Wärnberg J, Redondo C, Tercedor P, Delgado M, Marcos A, Castillo M, Bueno M; AVENA Study Group. Television watching, videogames, and excess of body fat in Spanish adolescents: The AVENA study. Nutrition 2008;24(7-8):654-662.
Villa JG y colaboradores. La escasa actividad física y deportiva escolar genera, más que la alimentación, sobrepeso, obesidad infantil y riesgo de síndrome metabólico. X Premio Nacional de Investigación de Medicina del Deporte. 2008.
Wabitsch M. Obesity in children and adolescents: current recommendations for prevention and treatment. Internist (Berl) 2006;47(2):130-40.
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